Toda la claridad yo la recojo
y la poso a tus pies como un cesto de fresas.
El clamor del adiós resquebraja
mis risas,
y los dientes se me pudren y el alma
se me envenena.
Toda la sinceridad yo la recojo
y como las lentejas, las dejo a remojo
toda una noche
y siempre.
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